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De deportista a empresario I

Alberto Mestre


Este famoso nadador destacó que su experiencia como atleta de alta competencia lo ayudó a impulsar su carrera como hombre de negociosCuando Alberto Mestre culminó su brillante carrera como nadador en 1985, había acumulado un impresionante cuadro de medallas y records en importantes competencias a nivel regional y mundial: dos Olimpíadas, dos campeonatos mundiales de natación, dos juegos Panamericanos, dos Centro Americanos, dos Sur Americanos de Natación y un Pan Pacific.

Pero esta vida de atleta de alta competencia aunque fue muy fructífera, también fue corta, ya que en natación dura hasta los 25 años aproximadamente. Sin embargo, la intensidad vivida en esos pocos años, en opinión de Mestre, lo preparó e incluso catapultó para desarrollarse como un empresario exitoso.

Mestre, quien se graduó en Administración Deportiva de la Universidad de Florida (1986), es desde 1998 director de la empresa Sportmart –fundada en 1991- , que representa de manera exclusiva para Venezuela a Life Fitness, fabricante estadounidense de máquinas para ejercicios –cardiovasculares y de musculación- de las marcas Hammer Strength, Pro, Fit, Club, Series y Sport. Paralelamente es propietario de dos gimnasios: el Gymplus en Caracas y el Premier Fitness Center en Maturín, Monagas. No solamente vende estos equipos, sino que además da asesoría en la construcción de gimnasios y su administración.

Previamente trabajó como supervisor técnico en la Organización Gold Coast de Florida (1987-89) que supervisa y organiza campeonatos de natación; como concesionario en el gimnasio del Valle Arriba Golf Club (1989-91); y paralelamente como asesor deportivo en la filial de Petróleos de Venezuela, Maraven.

En 1993 fue parte del equipo que fundó el Valle Arriba Atletic Center (VAAC). Allí fue socio y propietario y fue su gerente general por seis años. Durante el proceso de desarrollo del VAAC es cuando se conecta con las empresas estadounidenses fabricantes de maquinas de ejercicio de las que después funda su empresa y se convierte en su representante en el país.

Del deporte al negocio
Para Mestre su desempeño como atleta desde muy temprana le desarrolló el espíritu de competitividad, la disciplina y la organización necesarias para convertirse en un empresario exitoso. Tener que entrenar 8 horas al día, paralelamente estudiar y después sacar tiempo para disfrutar, exige disciplina, constancia y aprender a aprovechar al máximo el tiempo. “Eso se traslada directamente al mundo de los negocios, donde se tiene que ser muy disciplinado y muy constante”, destacó.

También lo ayudo a sortear la presión y el estrés. Cuando una persona a los 18 años se ve en la situación de representar a su país en una alta competencia internacional, con la responsabilidad que esto significa, con las expectativas que todos –entrenador, familia, amigos y la prensa- tienen sobre su desempeño, los compromisos adquiridos, y todo esto en otras latitudes desafiando a los mejores del mundo, se aprende a manejar la presión. “Esto fue una lección que aprendí a muy temprana edad y que me ha servido mucho durante todos estos años. Por eso cualquier situación difícil que tenga que vivir, cuando la comparo con lo que sentí aquellos años de competencia, es para mi a piece of cake”, destacó.

Otra ventaja que tiene Mestre para tener éxito en sus negocios ha sido el hecho de ser un personaje famoso. Reconoció que la natación le ha abierto muchas puertas. “Pero esa es un arma de doble filo, porque la gente te recibe pero al mismo tiempo te exigen que lo que les vayas a ofrecer implique que tu nombre esté en ese producto (…) porque si no cumples el que termina perjudicado es mi nombre. La gente dice: le compré a Alberto Mestre unas maquinas de ejercicios, no a Life Fitness”, explicó.

Por esa razón decidió en 1995 representar únicamente las marcas de Life Fitness en el país, porque para él esta es la mejor, con productos de altísima calidad y la que puede ofrecer con confianza a sus clientes corporativos –empresas como Citibank, Cargill, Ford, Heinz- y gimnasios.

Pero además de todas estas ventajas que Mestre obtuvo como atleta y que impulsaron su desarrollo como empresario, está el hecho de que sus negocios han estado ligados siempre al deporte. “Me siento cómodo hablando de salud, de fitness, de ejercicio, porque toda la vida lo he hecho, conozco lo que le gusta o no a mis clientes y les puedo hacer una buena recomendación. Además siempre digo que los trabajos o negocios en los que estás, tienen que gustarte. Todas las mañanas me levanto con ganas de ir a mi negocio, si no es así lo más seguro es que no voy a ser bueno en lo que hago todos los días”, destacó.

A partir de 2006 Mestre está asesorando ad honoren a la Federaron Venezolana de Natación. De esta manera puede transmitir a los nuevos nadadores del país toda su experiencia como atleta, pero también les aconseja que se preparen académicamente para el mañana, “hay que tener un safety net o un seguro después de la carrera de deportista”.



María Victoria Carrasco

Tras una década de triunfos en esquí acuático las hermanas Carrasco crearon un nombre que es sinónimo de campeonas y una práctica de perseverancia que las ha llevado a tener éxito en el mundo de los negociosDurante una década –desde finales de los 70 hasta finales de los 80- la dinastía de las hermanas Carrasco dominó el mundo del esquí acuático nacional e internacional. Todo empezó como María Victoria –la mayor-, líder imbatible de este trío esquiadoras, quien participó en tres campeonatos mundiales y en todos quedó campeona. Luego se incorporaron Esperanza y Ana María (la más joven), y las tres colocaron a Venezuela en el mapa mundial de este deporte.

Décadas después de esta hazaña, el nombre de las Carrasco aun tiene eco en la memoria nacional, y les ha servido para triunfar en los negocios. Business Venezuela, conversó con María Victoria, quien se retiró invicta como campeona mundial en 1979, y ahora dirige la empresa Innova POP, dedicada a la fabricación de indumentaria deportiva y a la importación y distribución de material POP, y que esta conformada por 15 empleados en nómina.

María Victoria Carrasco es abogada graduada de la Universidad Católica Andrés Bello en 1976. Comenzó su carrera profesional en Corpoturismo y en la Gobernación del Distrito Federal, cuando el titular de esa entidad era Diego Arria. Sin embargo, tuvo que dejar esas posiciones por sus compromisos deportivos que la obligaban a entrenar y viajar constantemente.

Además de la ventaja de su famoso nombre que le abrió y sigue abriendo puertas en el mundo de los negocios, para Maria Victoria uno de los mayores aprendizajes como atleta y que la ha impulsado como empresaria ha sido la perseverancia.

“En los negocio el éxito está en la perseverancia. En el estar allí día tras día porque el ojo del amo engorda al caballo. Nosotras tenemos tiendas, fábricas y oficina de ventas, y si no estamos allí cumpliendo horario con nuestros empleados, los negocios no rinden. Esa perseverancia que ejercimos en el deporte, la hemos transferido a los negocios”, explicó.

Por los bikinis
La primera aproximación de las Carrasco al mundo empresarial se produce de manera anecdótica y relacionada a sus actividades como atletas. Según narró Maria Victoria, una de las cosas que las destacó en los campeonatos mundiales era que ellas competían en bikini, indumentaria que no era común entre sus atletas rivales. Estos trajes de baño eran hechos en Venezuela con diseños cómodos para la práctica deportiva y al mismo tiempo las hacían lucir sexy. Ambas características motivaron que muchas esquiadoras internacionales, especialmente las norteamericanas y europeas, comenzaran a demandar estas indumentarias de baño. Ante esta solicitud, a mediados de los 80, María Victoria y Ana María deciden montar una pequeña fábrica, que bajo la marca AMC Sport Ware, comenzó a producir estos trajes de baño y ropa deportiva.

La fábrica creció en tamaño y se amplió con máquinas bordadoras. Más adelante Ana María, graduada en Administración, se convierte en la representante de Oakley en Venezuela, una marca estadounidense de lentes muy codiciados por los deportistas. Ambos negocios iban juntos pero no revueltos, pero crecieron tanto, que a principios de los 90 las hermanas deciden dividirlos en dos: Maria Victoria asume la fábrica, mientras Ana María las importaciones.

Con el tiempo, Maria Victoria fue cambiando la línea de producción dejando atrás los trajes de baño para dedicarse a la ropa deportiva, y actualmente tiene como cliente al Instituto Nacional del Deporte (IND) fabricando los uniformes de competencia para las selecciones venezolanas. Después incorporó el negocio de importación y distribución de material de promoción POP.

Sus hermanas también mantienen con éxito sus empresas, todas ligadas a la actividad deportiva y náutica. Las tres crearon una marca: Carrasco, que es sinónimo de campeonas. Por su parte Esperanza maneja una tienda de deportes que llama Centro Náutico Carrasco, donde vende lanchas, motores, ferretería marina, esquís y artículos de submarinismo. Asimismo, cuentan con una marina en Higuerote.

Pero además de esta marca forjada con empeño y constancia, María Victoria explica que eso no es suficiente. “El hecho de ser deportista no garantiza un buen desempeño empresarial, también esta la inteligencia y preparación”.

 


 




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