Miguel Gómez, director Ejecutivo de Amcham Bogotá

“Estamos rodeados de una región hostil al sector privado”

Los mayores promotores de la inversión extranjera en Colombia, se llaman Chávez, Correa, Ortega y Evo Morales. El TLC con Estados Unidos pudiera servir como una instancia para resolver controversias y una plataforma para impulsar la inversión

Hugo Prieto

La globalización de la economía ha convertido a los países en comodities para los inversionistas. El poder de atracción que ejercen para los negocios viene dado por una combinación de factores, que terminan siendo claves para la toma de decisiones. Miguel Gómez, director Ejecutivo de la Cámara de Comercio Colombo Americana (Amcham Bogotá), afirma que el “respeto de las reglas de juego y la estabilidad en las normas jurídicas”, son piezas fundamentales, al igual que “las alianzas que pudieran hacer los gobiernos con el sector privado”. Se trata de crear un clima que favorezca la estabilidad económica y el desarrollo de la capacidad empresarial.
Colombia se ha convertido en un imán para las inversiones extranjeras, debido –entre otras cosas– a que en países vecinos, particularmente Venezuela y Ecuador, se aplican políticas económicas que se perciben como hostiles a la inversión privada. ¿Pero que tan competitiva es la economía colombiana? El acceso del sector privado al gobierno en general es fluido y las alianzas una realidad creciente, pero las decisiones del poder judicial y la infraestructura del país, particularmente en transporte tiene 30 años de atraso. En términos prácticos, debido a facilidades arancelarias y de otra índole, actualmente Colombia tiene de hecho un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. Pero quiere el TLC como una vía para fomentar la inversión a largo plazo y un espacio para resolver controversias que genere confianza y contribuya a fortalecer la competitividad del país.

–¿Qué importancia tiene la vigencia del estado de Derecho en la viabilidad y el desarrollo de un país?
–El marco institucional es vital para el desarrollo de un país y para el clima de los negocios. Hay por lo menos tres elementos que son determinantes en el marco institucional. El primero es la estabilidad en las normas jurídicas, eso incluye transparencia y eficiencia de la justicia, el respeto a las normas. El segundo es el acceso que pudiera tener el sector privado ante gobierno, ¿qué tan fácil, fluida, confiable, es la relación entre uno y otro? ¿Qué tanto se puede hacer alianzas? ¿Qué tanto el gobierno escucha y atiende sus recomendaciones? El tercero es lo que tiene que ver con competitividad pura y ahí existe un factor difícil: la competitividad tributaria. La rentabilidad de los proyectos de inversión se calcula antes de descontar los impuestos y si los impuestos son muy altos, finalmente, la rentabilidad neta para el inversionista termina siendo poco atractiva.

–¿Qué resultados ha obtenido Colombia?
–Haciendo referencia a ese trípode, diría que estamos muy bien en acceso al gobierno; yo creo que el gobierno ha sido particularmente abierto al sector privado y esta es una norma que viene del presidente Uribe hacia abajo. El Presidente recibe y escucha a los empresarios; está muy pendiente de lo que los empresarios dicen. No es difícil hablar con el gobierno, en ninguno de sus niveles. Pienso que en eso, la señal que envía el gobierno de Colombia es muy positiva. En el tema de competitividad hemos mejorado, especialmente en telecomunicaciones y un poco en flexibilidad laboral, pero estamos muy atrasados en infraestructura (carreteras, puertos, aeropuertos), probablemente el país tiene un atraso de 30 años. Diría que el balance es matizado. En las normas tributarias hay flexibilidad y posibilidades de hacer inversión. Pero vamos muy mal en el tema de estabilidad jurídica. Estamos, realmente, en una situación de alerta, porque hay un desfase entre el mundo económico y el mundo judicial. El sistema judicial colombiano falla y opera como si las leyes de la economía no existieran.

–Si el tema judicial está tan desfasado dentro de ese trípode, ¿cómo se puede mejorar esa situación?
–Uno de los retos de Colombia es ver cómo logramos hacer una reforma estructural de nuestro sistema judicial, que garantice no sólo una justicia más ágil y oportuna, sino más estable y transparente. Hay casos en que la Corte falla en un sentido y, meses después, falla en otro totalmente distinto. La jurisprudencia no tiene, prácticamente, ningún valor. Las normas son interpretadas de manera caprichosa, por los diferentes niveles de la justicia. Entonces, es costoso, lento y genera un nivel de incertidumbre, que no le gusta al empresario. Pero todo esto es comparativo. Los mayores promotores de inversión en Colombia se llaman Chávez, el presidente Ortega de Nicaragua y Evo Morales. Estamos rodeados de una región hostil al sector privado. Colombia brilla como la única que dice: a mí sí me interesa la inversión extranjera. Hemos obtenido record en los últimos años, en parte porque alrededor no hay dónde. Se han hecho cosas buenas, pero falta mucho por hacer.

–¿El boom ha sido mera cuestión de oportunidad?
–Claro. Yo si creo que la situación de Colombia hubiera sido otra, digamos, si esta ola populista y demagógica no hubiera caído sobre nuestros vecinos. Hubiese sido muchísimo más duro para Colombia tener los niveles de inversión que ha tenido. La competitividad depende de una palabra que hoy por hoy es vista con un ángulo muy estrecho, pero que tiene un marco mucho más amplio, que es seguridad. Seguridad no es sólo que se acaben los robos, asaltos y secuestros. Seguridad es disminución de riesgos. Si las normas legales son estables, menos riesgos y más seguridad para los negocios.

–¿Un gobierno abierto a las inquietudes de los empresarios no tendría los mecanismos para actualizar la infraestructura física del país, en un plan, además, que la sociedad colombiana pueda percibir y evaluar como positivo?
–Ese es uno de los pocos lunares visibles del gobierno de Alvaro Uribe. Hubo un retraso en diseñar una política de infraestructura. En eso creo que hay un consenso muy amplio en el país. Perdimos tiempo, perdimos unos años en el que el dinero era barato. Había mucha liquidez a nivel mundial y probablemente habría sido fácil financiar algunos macroproyectos de infraestructura que pudieran ayudar a actualizar el país.

–¿Los proyectos serán ahora más costosos?
–Va a hacer mucho más difícil. Pero el otro elemento que hay que tener en cuenta es que Colombia, su prioridad y su preocupación sí ha sido el tema de la seguridad. La inversión en seguridad es costosa, no es una inversión que se pueda hacer en un año; hay que seguirla renovando y todo lo que se ha hecho en los últimos años por mejorar la seguridad ha requerido recursos públicos muy importantes. Entonces, el espacio fiscal no era el idóneo. Pero aún así, yo creo que Uribe se demoró en tomar esas decisiones.

–¿Las inversiones pendientes apuntarían a qué proyectos?
–Colombia es un país dominado por las montañas y, por tanto, los corredores viales se han hecho de norte a sur. La idea es tratar de comunicar el país de Oriente a Occidente, donde la comunicación es pésima. Parte de la integración nacional supone que dejemos de tener, digamos, una estructura económica andina para que tengamos una que tenga en cuenta llegar al Pacífico. Que nos volquemos más al Pacífico, habiendo sido un país que ha mirado al Atlántico. Lo otro es que logremos integrar los llanos orientales y la Amazonía al desarrollo nacional. Más de la mitad del país está completamente abandonado y no tiene ningún desarrollo económico.

–¿Aprovechar la posición geoestratégica del país?
–El problema nuestro es que eso está en los libros de geografía. Colombia es un país inmejorablemente situado. Pero la realidad es que la costa del Pacífico está muy poco explotada. Nosotros somos, económicamente hablando, un país Caribe. Los negocios los hacemos con el Caribe.

–¿El comercio bilateral con Estados Unidos se ha reducido? ¿Ha caído en 25%?
–Han bajado las exportaciones, en parte por la situación de la economía mundial.

–¿Son exportaciones de materias primas?
–Colombia exporta a Estados Unidos, esencialmente, productos básicos: carbón, petróleo; exporta algunas manufacturas livianas (textiles y confección); tiene dos sectores importantes en el área agrícola: banano y flores y todos esos sectores han estado golpeados por la crisis. El decrecimiento de la economía norteamericana ha demandado menos petróleo, menos carbón y menos níquel también, que son productos importantes en la balanza comercial. La crisis del sector textil es anterior y se ha agravado con la caída de pedidos de los grandes almacenes de Estados Unidos. Adicionalmente, se ha venido agravando por la crisis con el Ecuador, más por razones políticas.

–¿Cómo incorporar otras cadenas productivas al comercio con Estados Unidos?

–Antes, hay que aclarar que nosotros no exportamos a Estados Unidos. Realmente exportamos a tres estados de los Estados Unidos. Nuestra presencia geográfica es muy reducida. El primer socio de Estados Unidos en Colombia es el estado de Texas, esencialmente por el tema de energía: carbón y petróleo. El segundo es el estado de La Florida. Y si uno suma esos dos tiene el grueso de las exportaciones colombianas. Nosotros no conocemos los Estados Unidos. No conocemos los mercados del medio oeste, ni del oeste. Tenemos, digamos, una presencia marginal en la costa este. En ese sentido, descubrir los Estados Unidos es algo que los colombianos como que no quieren hacer. Somos temerosos de salir del refugio natural que es Miami. El hecho de que Miami sea la capital latina de Estados Unidos es al mismo tiempo una bendición y una maldición. Nadie hace el esfuerzo por ir otras partes. Lo otro que queremos hacer es incentivar el turismo. Colombia tiene un turismo muy bajo. Este año vamos a tener 2 millones de turistas y deberíamos tener, siguiendo las estadísticas, la mitad de la población en turistas. Es decir, 23 millones de turistas.