PYMES ESTRATÉGICAS

El mundo gravita hacia una mayor conformación de las pymes como forma de darle más flexibilidad a los sistemas empresariales y de oxigenar la economía de los países. En Venezuela existe intención manifiesta de apoyar este sector, pero se lograría mayor asertividad con esfuerzos aunados de los distintos actores sociales.

Alrededor del 75% del campo empresarial de América Latina está formado por pymes y en la Unión Europea existe una proporción similar, al tiempo que se diseñan políticas que coloca a este tipo de empresas como prioridad en la economía de los países desarrollados. Por algo es.

Las ventajas de las pymes son múltiples. Al tener tamaños pequeños y medianos, sus estructuras son más flexibles, interactivas, tienen capacidad de adaptación y de respuesta más rápida, son buenas generadoras de empleos, incurren en menos gastos y, en coyuntura de crisis, logran asimilar mejor los recortes organizacionales, en comparación con las grandes compañías.

Muchos emprendedores comienzan sus proyectos personales como alternativa laboral en tiempos de recesión y con frecuencia se convierten en sólidas pymes que ayudan a renovar dinámicas de los sectores de la actividad.

Es por ello que el concepto de “empresa artesanal” -que aplica a las pymes, a las microempresas y a las franquicias (las cuales en su mayoría son pymes)- tiene más auge que nunca en países como Italia, Francia y Alemania, sobre todo por su virtud de “alimentar” (suplir) a las grandes empresas en forma ágil y eficiente.

Otro gran rol que desempeñan las pymes es romper el paradigma de los monopolios. A través de modelos de negocio integrales, muchas pymes se dedican a abastecer o complementar la producción de las grandes empresas con materias primas, partes, diseños o acabados de los productos, con lo que el poder de estas últimas queda mitigado, o balanceado.

Antonio Pittelli, presidente del Comité de Emprendedores de Venamcham, aporta: “El outsourcing es muy utilizado en otras latitudes, como Europa, Estados Unidos y México, porque permite el surgimiento de las pymes y así se impide que las grandes compañías se transformen en monopolios. Por la terciarización, las empresas no centralizan todas las funciones de los procesos productivos ni crecen tanto en nómina”.

El rol de las pymes como factor de balance la economía podría verse alineado a la ideología del gobierno de Venezuela, cuya punta de lanza es relativizar el poder de los grandes monopolios. De hecho, el presidente del Fondo Nacional de Garantías Recíprocas para la Pequeña y Mediana Empresa (Fonpyme S.A.), Alfredo Riera Hernández, ha firmado varios acuerdos para apalancar los proyectos regionales de las pymes a lo largo y ancho del territorio nacional.

Sin embargo, paradójicamente, las pymes del país han recibido en la práctica casi los mismos embates que las grandes empresas privadas (un porcentaje importante del parque industrial privado ha desaparecido, pymes incluidas) ante un gobierno declarado a favor del modelo estatista.

“No está claro lo que es pyme para el gobierno en este momento y la Cámara de Franquicias tampoco siente el espaldarazo del gobierno, pero aún así seguimos en el mercado”, acota Alfonso Riera, presidente de la Cámara de Franquicias (Profranquicias).

¿Experiencias exitosas que podrían tomarse como modelo para incursionar en el universo de la microeconomía? “Muchas, pero como ejemplos se podría citar a www.empleate.com, site que comenzó por iniciativa de un joven ex empleado de Cantv y actualmente es referencia para la búsqueda de empleos de nivel medio; y Locatel, que nació como pyme pero ha crecido y diversificado tanto, que ya no lo es”, responde Pittelli.

Algunas propuestas

“En Venezuela, el emprendedor o pequeño empresario tiene que disponer de bastante dinero y muchos avales para que los bancos le otorguen créditos a fin de llevar adelante su idea o negocio, pero no necesariamente debería ser así”, señala Pittelli.

Casos de lo contrario sobran. “Varios gobiernos europeos desarrollan sistemas de créditos prácticamente sin garantías y hasta tienen planes especiales de fondos perdidos, los cuales les han dado buenos resultados”, comenta a modo de sugerencia. Y agrega que “en Venezuela no habría que mezclar la política en este tipo de temas, sino apuntar al debate entre los sectores público y privado para que los programas que se diseñen sean completos y eficientes”.

Lo cierto es que Fonpyme dice brindar asesoría y respaldo solidario a los usuarios del sistema de garantías y las misiones bolivarianas tienen la función de reforzar las pymes y las cooperativas, pero el incentivo para el sector no es tal si la utilidad que se deriva de ese trabajo no está garantizada para sus titulares en el sistema socialista (comunitario) que se adelanta en el país.

La mayoría de los venezolanos piensa que si no hay propiedad privada ni posibilidad de acumular ganancias, no se trabaja con el mismo ahínco, por lo que cualquier programa de incentivo de emprendedores y pymes queda desvirtuado ante la actual política gubernamental.
“El mercado local es muy bueno para las pymes si consideramos su tamaño y porque estamos importando gran volumen productos que se podría producir acá, pero para ello debe haber cierta conciliación en la elaboración de planes integrales entre el Estado, la banca, el sector privado y las universidades. Si bien existen planes específicos para el desarrollo de las pymes, no son suficientes para la demanda”, insiste Pittelli.

“Hoy en día concurren impulsos para las pymes en la escena mundial que ya no privilegian el emprendimiento primario sino el secundario, es decir aquel que demostró que la idea funciona y demanda expandirse”, aporta Alfonso Riera.

Esta nueva tendencia de asignación de créditos surge de estadísticas que muestran que sólo ocho de cada diez emprendedores tiene “vena de empresario” y que muchas de las ideas de nuevos negocios que se financian mueren al año de su materialización, lo que significa recursos perdidos. De ahí la importancia de la capacitación, asesoramiento y seguimiento de los emprendimientos, pero sobre todo de enfocar el financiamiento en aquellos proyectos que ya están en funcionamiento.

“El BID ha adoptado esa premisa y actualmente apoya emprendimientos secundarios en Colombia, Costa Rica y Ecuador. En Venezuela se ha explorado la idea pero toda ayuda de organismos internacionales o de multinacionales a pymes exige la aprobación de las autoridades nacionales”, advierte el presidente de Profranquicias.

Otro concepto de otros países y que, en teoría, se podría aplicar en Venezuela es definir políticas de incentivos a las grandes empresas para que a su vez ayuden a que se construyan pymes complementarias de sus actividades o suplidoras de sus cadenas productivas en sectores deprimidos, con lo que reforzaría la inclusión social en la nación.

A esta altura no cabe duda que la reconstrucción es un punto obligado para Venezuela y las pymes un pilar de apoyo a valorar en su dimensión real como factor de ganancia social y económica. Hay mucho por hacer. Que así sea.

Fabiana Culshaw