En Lara no quieren repetir la quiebra de las centrales de Yaracuy

Temen un efecto dominó que acabe con el azúcar

A mediados de este mes habrá terminado el plazo que el Gobierno decretó para evaluar la intervención de los cañaverales que hay alrededor de Barquisimeto. Sea lo que sea, los propietarios insisten en que lo que está en juego no es cualquier cosa: más de 10% de la producción de un país con escasez de azúcar

Joseph Poliszuk

Una vieja polémica ha estallado en la ciudad de los crepúsculos. Apertrechada de campamentos y reservistas militares, la revolución montó tienda a las afueras de Barquisimeto. Algunos de los cañaverales de la zona llevan casi dos meses militarizados pero, más allá de los métodos, la medida ha vuelto a poner en el tapete el debate que autoridades y empresarios de la República Bolivariana de Venezuela tejen alrededor del azúcar.

¡Azúcar! Y esto no se trata de una canción de Celia Cruz, ni del estribillo de una vieja guaracha: es bien conocido que el Instituto Nacional de Tierras se instaló en algunas de las 30 haciendas del estado Lara sobre las que abrió procedimientos administrativos. La prédica de "tierras y hombres libres" que el Gobierno esgrime contra el latifundio, llegó hace poco menos de dos meses a los cañaverales del valle del río Turbio.

El Ejecutivo nacional dictó una medida cautelar sobre esa zona, bajo la premisa de que esas tierras son de alta calidad. Seguros de que es más rentable destinar esos espacios a rubros como cereales y hortalizas, en el Gobierno insisten que el Turbio puede dar para mucho más que azúcar. “Sólo 300 hectáreas de las 2.400 rescatadas tienen cultivos de caña vigente”, declaró el ministro de Agricultura y Tierras, Elías Jaua, el pasado 27 de abril. “Toda esa caña será respetada y nunca ha estado prohibido que continúen con la zafra”.

Los cañicultores del Valle del río Turbio insisten, sin embargo, que erradicar los cañaverales de esas tierras generará un efecto dominó como el que precipitó la quiebra de las procesadoras de caña que había en el estado Yaracuy, al otro lado de su frontera. "Sin agricultores no hay comida", insisten en las manifestaciones y declaraciones que dan a la opinión pública. Pero más allá de las marchas y calcomanías que han dejado en sus carros, la situación es clara para el presidente de la Sociedad de Cañicultores del Turbio, Carlos José Pérez: "Si acaban con la siembra de caña de esta zona, también terminarán con la Azucarera Río Turbio, de donde sale 12% del azúcar que se produce en el país".

Cadena en riesgo

La central azucarera del Turbio, ubicada a 8 kilómetros de Barquisimeto, no ha dejado de moler caña en los últimos 53 años. De lejos, sus chimeneas demuestran que está funcionando. De cerca, sin embargo, en esas mismas instalaciones reconocen que si el Instituto Nacional de Tierras concreta la intervención de los cañaverales que hay en los alrededores, pasarán al menos cuatro meses del año sin materia prima para operar.

Aunque en esa procesadora de azúcar reciben cosechas de estados como Portuguesa y Barinas, casi la mitad del negocio se mueve con la caña de la zona. "Lo normal es que una central azucarera reciba materia prima de haciendas ubicadas en un perímetro de 70 kilómetros", explica Diego Rivero, gerente institucional de la Azucarera Río Turbio, para dejar claro que en la región no hay una zona que pueda sustituir la caña que produce el valle del Turbio.

Rivero teme que el anuncio del INTI se convierta en el preludio del caso de Yaracuy, donde desaparecieron 17.000 hectáreas de caña y, entre ellas, dos centrales azucareras. Y no es el único con tales prejuicios: los cañicultores afectados en el valle del Turbio solicitaron al INTI una explicación de lo que ha pasado en los haciendas de sus vecinos.

Además de exigir la desmilitarización de sus hatos, los productores de Lara que se reunieron con el presidente del INTI, Juan Carlos Loyo, exigieron que les explicasen qué quieren hacer con sus propiedades y, de paso, en qué quedaron los cañaverales de Yaracuy que fueron intervenidos. "¿Si esas tierras están improductivas, qué es lo que quieren con nosotros?", se pregunta el presidente de la Sociedad de Cañicultores del Turbio, Carlos José Pérez.

 

Pocas centrales

En Venezuela hay una docena de plantas privadas que procesan caña y otra más, que es propiedad del Estado. Aunque hay 18 centrales instalados, 3 están paralizados desde hace años y 2 fueron reactivados este año por el Gobierno. El ejemplo de Yaracuy salta a la vista, porque en esa entidad queda una sola de las cinco centrales azucareras de hace 20 años.

"Dos fracasaron hace mucho tiempo y las otras dos se vinieron a pique", recuerda el presidente de Fedecámaras de Yaracuy, Fandor Quiroga. Sencillamente el negocio dejó de ser rentable cuando el mercado cautivo que tenían en los alrededores se acabó con las invasiones de tierras y la política de intervenciones que adelantaron los gobiernos nacional y regional desde diciembre de 2004.

Yaracuy aportaba 20,6% de la producción nacional, ahora no llega a 4% del millón de toneladas de azúcar que aproximadamente sale de las refinerías venezolanas. Esa situación es una de las que ha prendido las alarmas de los productores de Lara.

En tiempos de escasez y supermercados que muestran fallas de azúcar, para Pérez no hay razón para criticar los cultivos que hay en las afueras de Barquisimeto. Insiste en que intervenir los cañaverales traerán más desabastecimiento, y asegura que la del Turbio es una de las centrales azucareras más importantes del país: "Aporta, junto a otras tres, 45% de toda la producción nacional".

Continuará…

El valle del río Turbio tiene más de 12.100 hectáreas distribuidas entre los municipios Peña de Yaracuy e Iribarren y Palavecino de Lara. Es una depresión sobre la que ha predominado la siembra de caña de azúcar en los últimos dos siglos. El Ministerio de Agricultura y Tierras abrió un proceso administrativo sobre las haciendas que hay en 2.400 hectáreas de ese espacio, para revisar a través del INTI la titularidad y los cultivos que desarrollan en esas propiedades.

El presidente del INTI, Juan Carlos Loyo, anunció el pasado 25 de marzo que se trataba de una medida que busca rescatar extensiones que se encuentran abandonadas o subutilizadas. Los cañicultores, no obstante, se preguntan de dónde sacó el Gobierno tal conclusión si los estudios de suelos indican que el Turbio está lejos de tener las mejores tierras del país.

El primer mandatario nacional, Hugo Chávez, criticó desde el estado Lara en la edición de Aló Presidente del 7 de mayo de 2006 las siembras que se extienden en el valle. Ese día afirmó que se trataba de espacios mal utilizados. Denunció los mecanismos empleados para extraer la cosecha y ordenó a las autoridades municipales iniciar un proceso de expropiación: "Usted no puede estar sembrando caña ahí, siembras que son marginales, y quemando además el terreno... ¡Eso es un atentado contra la vida de la ciudad!".

La polémica ha continuado en estos años y por eso la Facultad de Agronomía de la Universidad Centroocidental Lisandro Alvarado publicó a mediados de abril un informe que indica que no es descabellado cambiar los cultivos del Turbio.

El documento reconoce que la tradición de los productores del Turbio aplica métodos tradicionales en los que queman la cosecha un día al año para extraer la caña. De acuerdo con los profesores de la casa de estudios, los cañicultores pueden sustituir el rubro pero también acotan que la caña no es un cultivo que haga un daño especial al ecosistema de la zona, porque prescinde de los fertilizantes que pueden contaminar el río Turbio.

En la UCLA por eso concluyen que la decisión más salomónica es seguir sembrando caña aunque con "una agricultura más ecológica, que evite la quema para obtener cosecha". Esta historia de cualquier forma no ha terminado. A mediados de este mes habrá terminado el plazo que el INTI dio a los cañicultores de la zona para que demuestren la titularidad de sus hatos. Será entonces cuando se despejen las dudas que vaticinan en Lara la reedición del fracaso de centrales azucareras como las que bajaron la santamaría en Yaracuy. Continuará…