Pragmatismo Petrolero

Tratándose de petróleo el tema central de nuestra publicación de Junio, es natural que una de las consideraciones pertinentes sea determinar el futuro de nuestra propia industria petrolera nacional. Al fin y al cabo de eso vivimos: casi la mitad de los ingresos fiscales de la nación se derivan, si se quiere, del petróleo. Pero por donde empezar? Tratar de determinar el movimiento del precio petrolero es una tarea muy difícil, y los expertos son reacios a vaticinios firmes. Hasta hace unos años, por lo menos el consenso era la norma: el chiste era que en comparación con los analistas petroleros, las ovejas parecían pensadores independientes. Ahora ni esa solidaridad existe: la única convergencia entre los analistas es su absoluta resistencia a dar vaticinios específicos sobre precio. Tan es así que un experto petrolero muy respetado dio a principios de año su mejor pronóstico de precios: entre 50 y 100 $ por barril! No se sabe hacia adonde va el precio. Y adivinar hacia adonde van los niveles de producción y consumo mundial, con nuevos yacimientos siendo desarrollados, signos de recesión en de las principales economías del planeta, la estimulación de nuevas tecnologías por los altos precios, y la ya habitual correlación directa entre zonas productoras de crudo y escenarios de volatilidad política, hace que la tarea sea muy riesgosa. Quizas lo único que se sabe a ciencia cierta es que por lo pronto la oferta todavía esta detrás de la demanda, y que hay un fuerte efecto de especulación dinamizando el mercado.

Tampoco es fácil predecir el futuro de nuestra propia industria petrolera. Al revisar los recientemente publicados estados financieros de PDVSA, lo primero que salta a la vista es un fuerte énfasis en diversificación horizontal, anunciándose que PDVSA dedicará significativos recursos a entrar en áreas tan variadas como producción agrícola, manufactura de equipos domésticos, y distribución de alimentos. La versión actual del Plan Siembra Petróleo (PSP), además de contemplar proyectos petroleros mas tradicionales, tiene como otros objetivos fomentar la integración energética en Latinoamérica y el Caribe, diversificar mercados, beneficiar países en vías de desarrollo, y construir un modelo de desarrollo económico para combatir la pobreza. En paralelo se busca aumentar la producción del país a 5.8 MM de barriles diarios (desde la cifra oficial actual de 3.2), y todo esto a un costo de 78 millardos de dólares de aquí al 2012, del cual PDVSA aportaría el 75% de los fondos. Esto es un plan sumamente ambicioso y complicado, y surgen muchas preguntas, la más obvia siendo ¿está PDVSA tratando de abarcar más de lo que puede manejar? No debería concentrarse en la explotación eficiente de nuestro más importante recurso natural y proveer al estado los fondos para mejorar la situación social por otros canales y otras organizaciones? Y que pasa si los precios bajan?

Otro factor preocupante es el reducido rol del sector privado y la inversión extranjera que potencialmente se vislumbra en el PSP. Si bien según el plan se contempla un incremento de la participación de empresas mixtas en la producción futura, en ausencia de reglas claras y alicientes adecuados, se ve difícil la participación de las principales empresas petroleras con sus tecnologías avanzadas y su capacidad de manejo de proyectos de envergadura. Sin ellas, se ve también cuesta arriba el levantar la cantidad de apalancamiento financiero requerido para estos enormes proyectos contemplados. Para empeorar las cosas, hay tendencias dentro del gobierno que han manifestado que preferirían que no hubiera participación extranjera alguna. Evidentemente todo esto no redunda en beneficio de nuestros planes de expansión. Por lo tanto, es importante señalar que es virtualmente imposible para que Venezuela duplique sus niveles de producción de aquí al 2012 sin niveles muy significativos de capital privado y de participación de empresas extranjeras líderes de petróleo, y que es vital crear el ambiente apropiado para la inversión extranjera.

El nacionalismo y el control estadal siempre han estado presentes en mayor o menor grado en el sector petrolero – no se puede olvidar que el gigantesco BP comenzó como una iniciativa gubernamental para proveer de combustible a la flota británica. Sin embargo, hay que ser a la vez patriota y pragmático, y como orientación, un ejemplo valiosísimo es la que dio Juan Pablo Pérez Alfonso, el genio venezolano padre de la OPEP, y que tanto marcó la industria petrolera venezolana. Pérez Alfonzo era un gran nacionalista, pero no se ocupaba del petróleo por razones ideológicas. Veía en el petróleo, no un ídolo político, sino un instrumento de bienestar de progreso social para todos. No es que había que nacionalizarlo o lo que fuera por razones doctrinarias. Era verlo sólo como medio, no como fin de política económica. Por ello, reconocía la necesidad de la inversión privada y la participación de empresas petroleras extranjeras para mejor servir el interés público. Interesantemente, es muy probable que hubiera visto con buenos ojos el proceso de apertura petrolera que generó los exitosos proyectos de la Faja, por la sencilla razón que con poco aporte de capital, el país se aseguró 600 mil barriles diarios adicionales de producción de un crudo difícil de extraer, representando hoy en día casi la cuarta parte de nuestros volúmenes de exportación.

Es importante por lo tanto siempre pensar en el “para qué” de las cosas y no en el “por qué”, particularmente tratándose de algo tan importante como el desarrollo de nuestra industria petrolera nacional. Hay que valorar bien al aporte que representa el sector privado. Hay que analizar cuidadosamente los verdaderos beneficios de diversificar mercados para obtener menos dólares por barril en mercados lejanos, versus desarrollar una posición de socio estratégico con el consumidor más grande de energía del mundo, que a la postre esta a la vuelta de la esquina. Y aprendamos todos de nuestra historia: no se puede olvidar que una de las razones por las cuales Perez Alfonso ideó la OPEP fue porque en su momento, Venezuela propuso la idea al gobierno estadounidense de una cuota fija para Venezuela en el mercado norteamericano, dada nuestra condición de suplidor confiable, y esto fue rechazado. Una lección interesante para todos.

Es evidente que PDVSA y por ende el Gobierno está en un momento crucial de toma de decisiones. Por un lado puede optar por seguir un programa de desarrollo con un fuerte componente ideológico, mucha dedicación a actividades no petroleras, y considerables contribuciones a otros países. Por otro lado puede decidir por concentrarse en las actividades medulares, reducir el gasto social directo, y tratar de maximizar la generación de ingresos para el Estado. En ambos casos la importancia de aliarse con el sector privado es esencial; en ambos casos el riesgo principal que se corre es no aprovechar plenamente una oportunidad única de muy altos precios durante un período sostenido de tiempo. Y la decisión que se tome impactará al país por mucho mas tiempo que un o dos periodos presidenciales.